16J: Gran manifestación contra la violencia [Análisis Situacional]

El pueblo callado, tranquilo, paciente y esperanzado se pronunció contundentemente a favor de la paz y el entendimiento

Grabo este programa dos días después de la extraordinaria jornada de participación democrática y ciudadana que vivió el país el pasado domingo 16 de julio.

Venezolanos de diversa posición política y social salieron a las calles para manifestar pacíficamente sus opiniones y su visión de país.

Todos sin excepción apostaron por la paz. Ninguna marcha, trancazo o guarimba ha tenido más convocatoria que la jornada del domingo pasado, aunque algunos líderes irresponsables quieran aprovechar esta actividad para su plan insurreccional y violento.

Ninguna otra movilización ocurrida durante los últimos cien días, del signo que fuera, ha tenido tanta participación y tanto sentido de madurez ciudadana y compromiso verdadero por la paz y el respeto como la que ocurrió el pasado 16 de julio.

Quiero destacar que esa jornada fue, más que un hecho político o electoral, un hecho cultural. Se manifestó la auténtica subjetividad democrática y valores del venezolano. Se expresó esa mezcla excepcional de fuerza con calma, de garra sin violencia, de entusiasmo y sabiduría sin estridencia, de sensata paciencia y sentido de la oportunidad, de la más sencilla nobleza y humildad verdaderas.

Fue una inmensa manifestación popular contra la violencia, la intolerancia y el caos. El pueblo callado, tranquilo, paciente y esperanzado se pronunció contundentemente a favor de la paz y el entendimiento.

Fue también una apuesta por el diálogo como un espacio para el reconocimiento recíproco, las concesiones mutuas, los acuerdos y consensos, la cohabitación, la convivencia y la corresponsabilidad.

Sin embargo, la oposición y los factores externos que la dirigen insisten en un plan insurreccional y violento contra el Gobierno Bolivariano, bajo la tesis del “Cerco y Asfixia” de Venezuela.

Los objetivos de este Plan Insurreccional son caotizar, neurotizar y desmantelar el Estado Nación venezolano, así como reconfigurar la cultura política nacional-popular, para establecer la desesperanza, doblegar nuestra soberanía y controlar nuestros recursos energéticos.

Ahora avanzan hacia la fase más violenta y militar del Plan insurreccional. Continúa entonces, pero con más intensidad, la insurgencia armada, el foquismo violento, los ataques terroristas y sabotajes, el estrangulamiento económico, la interrupción de las vías de transporte de alimentos y la incitación al odio y la intolerancia social, entre otras acciones realmente criminales.

Por su parte, el Gobierno Bolivariano refuerza su decisión de instalar una Asamblea Nacional Constituyente, cuyo éxito dependerá de los niveles de participación que se logren el próximo 30 de julio cuando se realicen las elecciones de los diputados que la conformarán.

Pero solo si las fuerzas revolucionarias y chavistas consiguen asociar este proceso constituyente a la posibilidad concreta o la esperanza de resolver los problemas más urgentes de las mayorías populares como el desabastecimiento, la inflación y la inseguridad, la paz y la estabilidad del país; entonces lograrán la participación necesaria.

No hay otro camino sino el diálogo. Hoy Venezuela se está jugando la paz y su estabilidad. Por ello hay que perseverar en el diálogo que nos asegure la convivencia y la cohabitación democrática entre todos los sectores.

Estoy convencido que hay que impulsar espacios de discusión, debate y diálogo que estimulen el intercambio y la confrontación de ideas, la presentación de propuestas y toda la diversidad de perspectivas y puntos de vistas.

En una sociedad tan politizada, con altos niveles de madurez social y política, es incomprensible que el debate político se reduzca a insultos, descalificaciones y violencia.

Creo que la Asamblea Nacional Constituyente es un espacio ineludible para la participación de todos, para el diálogo y el debate constructivo. Para la transformación de los conflictos y las diferencias en oportunidades para el desarrollo del país y el bienestar de los venezolanos.

Hay que ir a un clima de entendimiento y consensos, principalmente alrededor de un programa económico compartido, para derrotar a los violentos y superar la crisis.

Si no hay diálogo, habrá caos y violencia.

Hinterlaces se mantiene independiente

Quiero insistir en que mi participación en este proceso constituyente como candidato por el sector empresarial no compromete a Hinterlaces. Nuestra trayectoria como empresa de inteligencia ha sido certera y rigurosa, y nuestros análisis han sido profundos e independientes. Y así seguirá siendo por siempre.

Hinterlaces cuenta hoy con una sólida cartera de clientes nacionales e internacionales, todas empresas y corporaciones privadas. Y seguimos creciendo.

Protegemos radicalmente nuestra independencia y autonomía como investigadores de la opinión pública y de la subjetividad de la sociedad venezolana. Y mantendremos nuestra acertada y coherente línea de análisis.

Es un error pensar que los resultados de una encuesta pueden cambiar la opinión de los ciudadanos o electores. Quien manipule los datos de un estudio de opinión con el objetivo de influir en la opinión pública está perdiendo su tiempo y su dinero.

Los estudios de opinión pública son herramientas de inteligencia para el conocimiento científico de la realidad y para el diseño de estrategias acertadas y campañas exitosas.

En sociedades muy polarizadas, algunos sectores buscan solo aquella información que se identifique y refuerce sus propias opiniones. Cuando las contradicen, entonces son sospechosas de manipuladas, enchufadas, tergiversadas o compradas.

Los estudios de opinión pública se han convertido en objetos para el odio. Hay grupos extremistas que no aceptan otros puntos de vista ni otras interpretaciones, muchos de ellos incluso proclamando y demandando hipócritamente libertad, democracia y reconciliación.

En las redes sociales algunos nos atacan con insultos e injurias aún sin conocernos. Para ellos, somos parte de algo que repudian. Sencillamente lo que no refleje lo que quieren ver se convierte en algo despreciable o desestimable. Salen a flote repugnantes complejos, envidias ocultas y mezquindades, más allá de las diferencias en las líneas de interpretación y las visiones.

Oscar Schémel, 18-07-2017

 

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 Publicado en Análisis, Política | No hay comentarios


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