Antonio Ledezma, un preso político [Por Vladimir Villegas]

En una democracia no se justifica la existencia de presos políticos (…) Lo importante es que un individuo como Antonio Ledezma debe estar en libertad plena

Siempre he sido partidario de la amnistía para los presos políticos. El Estado puede hacer uso de esa herramienta para contribuir a bajar los niveles de confrontación política y para facilitar el reencuentro de familias fracturadas por el hecho de que uno o más de sus miembros esté tras las rejas por su manera de pensar, por su visión del mundo y por las actividades que se derivan de sus ideas.

“¡Libertad para los presos, amnistía general!” Esa era una consigna que en nuestros tiempos de militante coreábamos junto a muchos de quienes hoy están en el Gobierno para exigir que se abrieran las puertas del Cuartel San Carlos, de la Disip, hoy Sebin, y de otros centros como Tocuyito o La Pica, donde era recluidos los presos políticos. La amnistía favoreció la incorporación de numerosos dirigentes de la izquierda a la vida política legal. El Partido Comunista y luego el MIR se beneficiaron de la amnistía, de iniciativas como la paz democrática o la pacificación para desandar el errático camino de la lucha armada.

También fuimos partidarios de la amnistía para los participantes de las insurrecciones militares de 1992. Y gracias a medidas adoptadas por el segundo Gobierno de Rafael Caldera, tanto Hugo Chávez como numerosos oficiales del 4F y el 27N salieron a las calles a buscar por la vía de los votos el respaldo a sus propuestas políticas.

Hoy son numerosos los presos políticos existentes en el país, y muy pocos creen en el juego de palabras según el cual son políticos presos y no al revés. Uno de esos presos políticos es Antonio Ledezma, alcalde metropolitano de Caracas. Tiene casa por cárcel y por ende no puede ser identificado como otra cosa, salvo que se busquen argumentos para justificar lo injustificable.

Con Antonio tengo una relación de vieja data. Lo conocí cuando él era dirigente de Acción Democrática y yo reportero de la fuente política. Estuvo muy ligado al expresidente Carlos Andrés Pérez y luego, con el paso de los años, comenzó a formar su propio perfil.

Fui crítico de sus gestiones como gobernador y luego como alcalde del Municipio Libertador. No fueron pocas las manifestaciones frente a su despacho en los cuales participé siendo diputado de La Causa R, junto a Carlos Melo, Alfredo Laya, Maripili Hernández y Vivían Alvarado. Esa distancia política nunca entorpeció las cordiales relaciones personales que siempre hemos mantenido. Era mi derecho oponerme a su gestión, como lo es hoy abogar por su libertad y por su plena incorporación a lo que ha sido siempre su actividad: la política.

En una democracia no se justifica la existencia de presos políticos. Y Antonio Ledezma es uno de ellos. Hay quienes quieren pasarle factura por su pasado, y lo hacen dándole sustento a señalamientos sobre presuntas actividades conspirativas, y que lo han llevado a estar privado de libertad varios años, sin derecho a un juicio justo, a eso que se denomina el debido proceso, inexistente en su caso. Si alguien reúne las características de un preso político es Ledezma. Las recientes persecuciones y los hostigamientos contra su esposa Mitzy Capriles, por parte de funcionarios de organismos de seguridad del Estado, lo que hacen es ratificar esa condición de prisionero de conciencia.

Antonio y yo tenemos formas distintas de ver la política . Si pudiéramos sentarnos a conversar,seguramente ratificaríamos muchas de esas diferencias pero tal vez podamos hallar algunas coincidencias. Eso es lo de menos. Lo importante es que un individuo como Antonio Ledezma debe estar en libertad plena. Y no solo él. Debe haber una amnistía general. Aunque el diálogo político haya fracasado por la razón que fuere, no deja de tener vigencia la demanda de una medida que permita el reencuentro de los presos políticos con sus familiares, y en el caso de Ledezma que cese su arresto domiciliario y cualquier otra restricción a su derecho a participar dentro de la lucha política legal.
El país sigue esperando señales como esa.

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 Publicado en Análisis, Política | No hay comentarios


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