Caotizar, neurotizar y destruir
[Análisis Situacional]

Continuarán las presiones para dividir a las instituciones fundamentales del Estado y se acentuarán las campañas de descrédito internacional

Continúa ejecutándose la siguiente fase de la Guerra No-Convencional o Guerra de Cuarta Generación contra el Gobierno Bolivariano, dirigida por el Departamento de Estado Norteamericano y el Comando Sur, ejecutada por laboratorios de desestabilización política y emocional, bajo la tesis del “Cerco y Asfixia” de Venezuela.

Los objetivos de este Plan Insurreccional son caotizar, neurotizar y desmantelar el Estado Nación venezolano, así como reconfigurar la cultura política nacional-popular, para doblegar nuestra soberanía y controlar nuestros recursos energéticos.

Venezuela posee las más grandes reservas petroleras del planeta y también cuenta con inmensas reservas minerales, abundantes fuentes agua dulce, extensa biodiversidad y una posición geográfica privilegiada.

Se inicia la fase militar del Plan insurreccional. Del “calentamiento de calle” se pasa ahora a la insurgencia armada, el foquismo violento, los ataques terroristas y sabotajes, el estrangulamiento económico, la interrupción de las vías de transporte de alimentos y la incitación al odio y la intolerancia social, entre otras acciones, propias de un conflicto bélico y no de protestas ciudadanas y pacíficas.

También continuarán las presiones para dividir a las instituciones fundamentales del Estado y se acentuarán las campañas de descrédito internacional orientadas a posicionar al Gobierno del presidente Maduro como una dictadura, creando las condiciones subjetivas para una intervención multilateral encubierta por “ayuda humanitaria”.

La Fase militar de la estrategia de desestabilización contempla una ofensiva de grupos paramilitares instalados desde hace varios años en puntos estratégicos de la geografía venezolana, articulados con pandillas armadas de la oposición y bandas criminales, a las que se les ha venido proporcionando entrenamiento, armamento y estructura militar.

Se trata de un entramado paramilitar que se va desplazando sobre el territorio, con la pretensión de cercar la capital de Venezuela, y responde a una estrategia de guerra asimétrica, en la que lo importante no es ganar batallas o conquistar territorios, sino establecer focos de violencia, generar angustia, desmoralizar a las fuerzas militares y policiales, hacer ingobernable el país y arruinar su economía.

Sin embargo, esta estrategia subversiva impulsada por la derecha más radical y reaccionaria del continente sigue subestimando la fuerza social y simbólica del chavismo, su extraordinaria capacidad de respuesta, así como las implicaciones políticas para América Latina de una intervención extranjera en Venezuela.

Oscar Schémel, 31-05-2017

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 Publicado en Análisis, Política | No hay comentarios


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