Elección no rima con invasión
[Por Vladimir Villegas]

Exigir el cronograma electoral y la libertad de los presos políticos, no tiene nada que ver con sonsacar a Donald Trump para que envíe marines a las costas venezolanas

Venezuela está en la mira de comunidad internacional. Somos tema de primer orden en muchos foros de América Latina y estamos en la agenda de buena parte de las cancillerías europeas. No es un asunto del “qué dirán”. Va más allá de eso. Se trata de que ya ha sobrepasado las fronteras nacionales nuestro conflicto político y social. Sobre todo este aspecto llama la atención en el mundo. ¿Cómo es eso que una potencia petrolera está pasando aceite por falta de medicinas y alimentos? ¿Y por qué hay venezolanos hurgando en la basura buscando comida o algún objeto de valor para venderlo o cambiarlo?

Pero también hay muchas preguntas sobre la situación de derechos humanos en nuestro país, la existencia de numerosos presos políticos, la imposibilidad de la Asamblea Nacional de poder ejercer sus competencias a plenitud y el peligro de que la inmunidad parlamentaria se convierta en cosa del pasado .

Igualmente numerosos países latinoamericanos han expresado su preocupación por la no realización de elecciones regionales, pendientes desde finales del año pasado. Las presidenciales tienen su fecha, diciembre o noviembre del año 2018. Pero ya estamos pasados de tiempo con respecto a los comicios para elegir gobernadores, y el Poder Electoral, pese a sus obligaciones constitucionales, no ha anunciado el cronograma electoral ni da señales de que este año se realizarán esos comicios.

Confundir este necesario reclamo democrático, que perfectamente puede provenir de los propios venezolanos, o de los organismos internacionales donde Venezuela participa en igualdad de condiciones al resto de los países, con el deseo de que vengan tropas a deponer al Gobierno, estaría bueno como retórica. Lo peligroso es que quienes gobiernan lo crean de verdad y procedan a tomar ese argumento como una razón de peso para seguir poniendo trabas al derecho a elegir gobernadores que ya tienen el mandato vencido, y para que se mantenga una situación en la cual el parlamento siga sin poder cumplir su función contralora y legislativa.

Tal vez haya gente que sueñe con una invasión , un golpe o cualquier otra vía no pacífica ni democrática para resolver el actual conflicto político. Pero la abrumadora y aplastante  mayoría de los ciudadanos no anda en esa. Los partidos políticos opositores están cumpliendo con  el proceso de validación fijado por el Poder Electoral. Podrán intentar desviar el debate hacia una supuesta amenaza de intervención extranjera, y tal vez también hay público para esa retórica. Pero no el suficiente, ni aquí ni fuera de Venezuela.

Elección se parece a intervención y a invasión solo en las dos últimas letras y el acento. Exigir el cronograma electoral y la libertad de los presos políticos, o que los diputados puedan hacer el trabajo para el cual fueron electos, no tiene nada que ver con sonsacar a Donald Trump para que envíe marines a las costas venezolanas u ordene un ataque aéreo. La población, mayoritariamente, quiere resolver los problemas que tenemos. No complicarlos. Ni traer remedios que serían peores que la enfermedad. Quiere que tengamos alimentos y medicinas. Y quiere vivir en democracia.
Venezuela forma parte de la Organización de Estados Americanos (OEA), al menos hasta este momento. Si mañana o pasado el Gobierno decide retirarse de este organismo regional para eludir sus compromisos, ya es harina de otro costal. Pero mientras sea parte de ella, lo correcto sería aceptar no solo el debate sobre lo que ocurre en nuestra nación, sino también la instancia de mediación diplomática establecida en los documentos que norman la vida institucional de la OEA, entre ellos la Carta Democrática, en cuyo contenido, por cierto, no se contempla la intervención armada, por violentar el principio de autodeterminación. En última instancia contempla la suspensión del Estado miembro en caso de incumplimiento de los parámetros democráticos a los cuales están obligados todos los integrantes de la Organización.

Esta semana será crucial para saber hasta donde la OEA podrá incidir en una solución favorable a la democracia y a la plena vigencia del Estado de Derecho en nuestra nación. Que el diálogo sirva para ese objetivo, y que se abra camino a una negociación política con la renovación o ampliación del grupo de mediadores . Es una oportunidad de oro para que el Gobierno, o mejor dicho el Estado venezolano se ponga al día, no con los otros países, sino con los nacidos en esta tierra de gracia.

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