Guerras sin fusiles [Editorial Oscar Schémel]

En Venezuela, no hay duda acerca de la existencia de una estrategia de desestabilización socio-emocional que pretende caotizar a la sociedad venezolana

Adolfo Hitler dijo que las guerras del futuro serían luchadas antes de comenzar las operaciones militares, «a través de la confusión mental, la contradicción de los sentimientos, la indecisión y el pánico».

Estamos hablando de “guerras psicológicas” o guerras sin fusiles, manipulación de la información, propaganda, campañas de desprestigio del adversario, guerra económica, sabotaje, presiones políticas, culturales, económicas y raciales.

Las cadenas internacionales de noticias y las redes sociales son los nuevos ejércitos de esta guerra. Es decir, ya no son hombres los que van a combatir cuerpo a cuerpo, no utilizan aviones ni tanques ni ametralladoras.

El Departamento de Defensa de los EEUU la define como “el uso planificado de la propaganda y de otras acciones psicológicas con el propósito de influir en las opiniones, emociones, actitudes y conductas” de sus adversarios.

Se trata en definitiva de una actividad subversiva encubierta que forma parte de las llamadas “Técnicas Avanzadas de Guerra Psicológica de IV Generación”.

El campo de batalla de la guerra psicológica es la mente, es decir, los pensamientos, las actitudes, las relaciones sociales, los imaginarios, las emociones.

El modelo comunicacional con el que se trabaja es el de la incertidumbre y la angustia. Es decir, se difunde una noticia y no importa si es verdad o mentira. Tampoco importa quién la lanzó, porque lo importante es que genere dudas.

Esa incertidumbre destapa otras emociones como la angustia, el miedo y la rabia.

Su finalidad es destructiva. Se trata de generar sentimientos de odio, rechazo, temor, desconfianza, angustia, fatiga, depresión, desaliento, derrotismo y desesperanza.

En esta dinámica no hacen falta líderes, ni propuestas, ni ideas, ni promesas; pues se trata fundamentalmente de apelar a la rabia, la incertidumbre y el temor.

Hemos entrado en la era de la posverdad, en la que algo que aparente ser verdad es más importante que la propia verdad. O dicho de otro modo, la posverdad o “mentira emotiva” define una época en la que los hechos objetivos influyen menos en la opinión pública que las emociones y las creencias personales.

En Venezuela, no hay duda acerca de la existencia de una estrategia de desestabilización socio-emocional que pretende caotizar a la sociedad venezolana y neurotizar a los ciudadanos para ocasionar una ruptura social violenta del orden establecido.

Se expresa mediante un “encadenamiento” de mensajes alarmistas y fatalistas,  sobredimensionamiento de la crisis y exacerbación del descontento, destrucción de la reputación de los líderes bolivarianos, ejecutada por cadenas internacionales de noticias y las redes sociales, con el objetivo de crear una sensación de miedo colectivo por la percepción de caos y desprotección.

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 Publicado en Análisis, Política | No hay comentarios


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