La estrategia de la CEV [Por Leopoldo Puchi]

Sería muy conveniente que los acompañantes del diálogo incidan para que se restablezca el trabajo que se había iniciado en la Mesa

Se hubiera podido pensar que una vez evaluada la línea adoptada por la oposición durante 2016, centrada en la salida de Nicolás Maduro de la presidencia antes de finalizar el período constitucional, se reformularía una estrategia diferente para 2017.

Sin embargo, ha ocurrido lo contrario y se ha insistido en la línea inicial, solo que esta vez los tiempos anunciados son más cortos: en 2016 se habló de seis meses, y ahora en 2017 ha sido un asunto de días, puesto que en menos de una semana se aprobó en la Asamblea Nacional la declaratoria de abandono. Además del acortamiento de los plazos, en esta oportunidad la decisión tiene un elemento adicional que la hace más explosiva, puesto que ha sido acompañada por un llamado directo a la Fanb para que se subleve frente al Jefe de Estado.

Se dice que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, tal vez por ello se ha insistido en recurrir a la misma orientación política, a pesar de que ya se había mostrado ineficaz. En el reciente discurso de Julio Borges al instalarse la Asamblea Nacional no se le dio relevancia a las elecciones regionales, y en lugar de ello se definió una política de insurgencia que encuadra en el planteamiento de la Conferencia Episcopal de Venezuela, que es partidaria de una rebelión social que conduzca a un derrocamiento militar del Gobierno.

El modelo que se propone la CEV de insurgencia castrense es el que fue utilizado el 23 de enero de 1958, que es semejante, en cuanto a planificación y ejecución, al de otros episodios de la misma naturaleza que han reunido los elementos básicos comunes descritos por Curzio Malaparte en su libro La técnica del golpe de Estado (1931). Lo esencial del método descrito es la amenaza o el uso de la violencia por parte de la institución militar o una parte de ella, lo que requiere un trabajo previo de captación de oficiales y de organización de estos para luego proceder a la toma de los centros vitales de mando.

Se desconoce si efectivamente ese trabajo ha sido realizado o si se trata simplemente de expectativas, a partir de la consideración de que las condiciones objetivas están dadas y el proceso pudiera estarse incubando de manera espontánea. Pero llama la atención que una élite dirigente como la eclesiástica haya asumido esta vía de un modo abierto y beligerante.

Insistir en una estrategia como la señalada puede tener consecuencias muy negativas. Sería muy conveniente que los acompañantes del diálogo incidan para que se restablezca el trabajo que se había iniciado en la Mesa y se encauce nuevamente el proceso político nacional en el marco institucional y electoral.

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